jueves 17 de noviembre de 2011
viernes 15 de julio de 2011
martes 5 de julio de 2011
martes 28 de junio de 2011
Seres maravillosos. Segunda parte.
Antes de ayer iba caminando hacia el mar, recorriendo las pequeñas dunas por la cresta. De vez en cuando me encontraba sedales que sobresalían de la arena, y los iba recogiendo. Muchos de ellos tenían al final un anzuelo. Algunos pescadores los tiran sin más cuando ya no los necesitan, y me propuse coger unos cuantos y tirarlos a la basura. Me gusta cuando esa es toda la ocupación que me planteo en una tarde de junio. Al coger uno de estos sedales, vi que junto al anzuelo había una pelotita negra que se movía. Me fijé y vi que era un escarabajo con el hilo enroscado alrededor del cuello, o como se llame el lugar que en estos animales hace de unión entre el cuerpo y la cabeza en forma de kabuto (demonios, acabo de buscar kabuto en el diccionario, por si acaso, y me sale que escarabajo se dice kabutomushi, o insecto casco. ¡Demonios!) De nuevo un ser maravilloso, y yo pudiendo salvarle la vida. Con mucho cuidado para no arrancarle la cabeza de cuajo y ahogar así mi gozo en un pozo fui desenrollando el hilo, hasta que al final pude, con un pequeño tirón crítico, quitarle la soga y devolverlo a la arena blanca y caliente, de esa que no se pega a la piel y está siempre limpia.
viernes 24 de junio de 2011
Seres maravillosos
La cualidad misteriosa y alucinante del mar radica no sólo en su oscuridad profunda, donde guarda infinitos secretos, sino en que cualquier día puede arrojar a la orilla alguno de ellos. Un madero viejo convertido en reliquia por la sal y el desgaste, seres maravillosos que jamás habían sido acariciados por la brisa y que tenemos que imaginar en su medio flotante. Seres que pierden su color al llegar a la superficie, y se agrietan y cubren de llagas. Una vez encontré un caparazón brillante como un espejo, y tan grande que podría haberme refugiado en su interior de la tormenta sin ningún problema. Debajo, el cuerpo de su dueño se había secado hasta reducirse a un puñado de cuero marino, aún unido a la concha por unas tiras de piel seca sobre las que las arañas habían instalado sus telas. Allí la dejé, y allí seguirá seguramente, si no se la ha llevado la marea.
En otra ocasión encontré a otro ser atrapado en un cuenco de las rocas de la orilla, cuando el mar estaba retirado. Daba vueltas en su pequeña cárcel de piedra, chocándose con las paredes al no encontrar el camino de vuelta al agua. Era un pequeño dragón blanco, deslumbrante y bello a pesar de que su cuerpo empezaba a perder las escamas del color del nácar: el agua dejaba al descubierto su lomo y la aleta dorsal. Por un momento me quedé observándolo. Tenía la seguridad absurda de que nadie había visto nunca a aquel ser, que yo era la primera persona que podía observar sus ojos de color verde. Me pareció entonces que me miraba, y caí en la cuenta de que quedaba muy poco tiempo. Lo recogí con cuidado en el hueco de las manos y lo llevé de nuevo al mar. La salvación estaba tan sólo a tres pasos.
Para el siempre pequeño Kaper Kaily.
jueves 23 de junio de 2011
夏至
En muchas batallas fui curtido,
Y tuve sed en desiertos distintos.
Fui olvidado, vencido, fui amado
Por la miseria, desheredado.
Tuve miedo y fingí ser aguerrido
Cuando era tiempo de infiernos
Tan sombríos. Perdí mi manto
En la nieve, y tuve frío.
Corrí frente a tantos enemigos,
Cientos de lobos y cientos de colmillos.
Salía el sol y no era calentado,
Pero quemaba mi piel y mi camino.