domingo, 19 de octubre de 2014

Puta mierda (y la ternura infinita)

En los tiempos más oscuros lo único, lo mejor que podía hacer, era irme a dar un paseo por el campo con la Meca.



lunes, 23 de junio de 2014

Plegaria de las tres lunas



Hay tres lunas sobre mí
que no aplacan mi tristeza.
Te fuiste, diosa feliz,
diste todo por perdido.
Si tú ya no estás aquí,
ni tus cantos, ni tus aves;
si te marchaste por fin
dejando en sombra este valle,
¿quién podrá otra vez reír?
¿Qué haremos sin tu soplido?
¿Y sin tu risa, tan suave?
Los soldados que sin ti
vagan entre carne muerta
siguen con hambre de guerra:
se pudren, odian y matan.
Tres colores en el cielo:
sangre, tierra y esmeralda.

miércoles, 11 de junio de 2014

Aquí y ayer

El día empezó pronto y tarde, sucio, frío y caliente. No con atascos, pero detrás del camión de la basura; el sol tragado por un huevo traslúcido, sucio y lechoso.
La dependienta de la gasolinera comienza el círculo. Un demonio convaleciente y un enano servicial reciben entre postales. Luego la caravana toma camino al norte, recoge a los extraños cercanos y reposta en el campo, entre vacas y calamares gigantes. El tiempo pasa y Madrid, inmensa, sucia y gris, tremenda, completa el círculo. No soy capaz de explicarlo mejor.

miércoles, 17 de julio de 2013

La cama



No sé cómo ni cuándo llegué a este sitio, ahora mi hogar, mi casa de paredes blancas y largos pasillos de suelos limpios y relucientes. Tengo la vaga impresión, la sombra de un recuerdo, de que no vine por  mi propia voluntad. Es como si tuviera aún hoy la conciencia de haber cometido un acto atroz  por el cual alguien decidió que este habría de ser mi lugar. Todo esto lo sé, o al menos lo supongo, porque a veces en mis sueños se me repiten escenas de sangre, gritos y unas luces brillantes que me persiguen. Lo que sí sé, y es algo sobre lo que cada día medito en mi rincón favorito del enorme jardín que rodea esta casa, es que aunque no quisiera venir al principio, ahora no concibo la vida de otra manera. Doy las gracias a quienes fueran los que me pusieron aquí. Pensar que acabaré así mis días, quizá de un infarto bajo este mismo árbol gigantesco desde donde escribo torpemente estas líneas me llena de una paz que nunca conocí, o al menos eso creo.
Aquí, en mi hogar, no hablo con nadie y casi nadie habla ya conmigo. Tan solo una vez a la semana viene un hombre a mi habitación, no siempre el mismo, y se sienta en mi silla sujetando una carpeta hinchada por muchos folios amarillentos, siempre la misma. Estas visitas me molestan un poco (aunque ya nada me irrite tanto como para romper el silencio) porque al no haber más que una silla, estoy obligado a sentarme en la cama, y eso no me agrada. Considero que la cama es para dormir, un lugar sagrado en el que, aunque sea en sueños, me permito emitir algún sonido. A lo largo de estas visitas los hombres que vienen a verme intentan por muchos medios hacerme hablar, porque según ellos es así como se comunican los seres humanos; a veces me provocan, insultándome a mí o a una familia y unos amigos que no son para mí sino sombras que bailan, confusas, en el fondo de una gruta que visité una vez. Otras veces me vendan los ojos y después me clavan una aguja en distintos sitios, para ver si grito de dolor o emito al menos una exclamación de sorpresa. Aunque me molesta que me hagan sentar en la cama, los admiro por su paciencia. Año tras año desde que vine a este maravilloso lugar lo intentan, pero nunca han conseguido nada.

miércoles, 1 de agosto de 2012

自然


Es bien sabido que es el primero
el único mandado por los dioses.
Será el esfuerzo de un pobre hombre
lo que acabe, entre llantos, el proceso.
No lo hace solo, pues le aconsejan
Las hojas de los olmos en primavera,
El fuego del otoño, la hiedra
Tortuosa y vieja, y las estrellas.

jueves, 17 de noviembre de 2011

No penséis que estarán siempre a vuestro lado
pues mañana serán sombras, el vuelo de un gorrión,
el grito negro del cuervo, el cielo claro.